Fortaleza de la Soledad
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El Superman de John Byrne o la defensa de una gran idea


Interesante analisis sobre el nuevo origen de Superman de 1986.
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Continuando el mes con el homenaje al “Superman de John Byrne” aquí le presentamos un delicioso análisis sobre ese Superman que muchos aun añoran, realizado integarmante por Oscar De Majo.

El objetivo primordial de este artículo es rescatar y comentar la versión de Superman que nos “regaló” John Byrne, la cual, ante las polémicas que despertó y sigue despertando, es conveniente contextualizar haciendo un rápido repaso de los orígenes del Hombre de Acero: Kal-El (tal su verdadero nombre) es nativo de Krypton, un mundo perfecto donde -en apariencia, por lo menos- no hay enfermedades ni miseria, donde la tecnología ha reducido al mínimo el trabajo y el esfuerzo, donde las más hermosas maravillas naturales (cataratas de fuego, montañas de diamante, selvas escarlatas, animales exóticos), conviven en paz y armonía con la más sofisticada tecnología (armas nucleares, autos voladores, rayos teletransportadores).

Y un buen día, por una reacción en cadena proveniente del núcleo del planeta, que lo hace estallar, toda esta maravilla es injustamente destruida por una jugarreta del destino y, de no ser por Jor-El, padre del futuro Superman, que había inventado una pequeña nave con la que manda a su hijo a La Tierra, nada de Krypton hubiese quedado. Kal-El en la Tierra es adoptado por los Kent, un ingenuo matrimonio mayor, de granjeros de Kansas, que lo educan en un mundo idílico y bucólico que, aunque a años luz de Krypton en distancia y tecnología, concuerda un poco con ese edén que el joven Clark, gracias a su supermemoria, recuerda haber vivido en su planeta nativo.

Todo en Superman es luz, y como enviado de la luz, decide autoproclamarse defensor y protector de La Tierra y luchar por la justicia sin esperar nada a cambio. Se va a vivir a Metrópolis, Ciudad Luz, perfecta y maravillosa, casi capital del mundo, y allí comienza su carrera de paladín del bien. En realidad, en el mito clásico, la historia no puede empezar a contarse un minuto antes de la aparición de Superman en Metrópolis, puesto que no es Clark el que se convierte en Superman, sino Superman el que se “disfraza” de Clark Kent. Como si Clark no hubiese existido antes del día en que se puso los calzoncillos por encima de los pantalones.

No es raro que, por ser casi exclusivamente Superman, en su mente esté presente un temor desde siempre: que a su planeta adoptivo le ocurra lo mismo que al mundo en el que nació: la destrucción. Por eso Superman (o sus creadores y los que le siguieron) deciden ser el verdadero “Tío Sam” y convertirse en el ser que hiciera realidad el tan discutido “sueño americano”; el american boy perfecto, miembro de una nación que lidera y vigila el Orbe entero, gracias a quien la Tierra estará siempre a salvo. El “súper” hombre.

Y esto alcanza magnitudes impensadas a medida que pasa el tiempo. La década de los años 60 irrumpe con su oleada de "modernidad" y tecnología y los personajes y sus ambientes se ven irremediablemente afectados. En el caso de Superman, medio Krypton, misteriosamente salvado del desastre, llega a la Tierra (Supergirl y sus padres; quince o veinte súper criminales exiliados en la Zona Fantasma; Kandor, la capital de Krypton, milagrosamente salvada y reducida dentro de una botella, con sus cientos de miles de habitantes; Krypto, el súper perro; Beppo, el súper mono…) y la invade con su tecnología. Superman conoce y domina los secretos de la avanzada ciencia kryptoniana y los utiliza cuando y donde quiere, lo que, sumado a sus poderes, lo convierte en un ser indestructible por completo y omnipotente. Ya pocas veces se recuerda que Superman es el último (en realidad ya no lo es) sobreviviente de un mundo destruido. El “súper súper” hombre, del “súper súper” planeta (léase nación).

Pero, como el concepto se repite hasta el cansancio, la década de 1970 y los primeros años de la década del 80 encuentran a Superman alicaído y pasado de moda. La que irrumpe ahora es la postmodernidad con su discurso antiutópico y su rechazo por la tecnología que, aunque tarde, llega a la historieta superheroica.

Los responsables se dan cuenta de que en los nuevos tiempos un cómic no es "sólo para chicos" (ni para lectores tan ingenuos) y de que el medio ocupa un lugar preponderante dentro de los discursos de ficción de la sociedad contemporánea. Evidentemente, la fusión de imagen, palabra y mensaje, que sólo brinda la historieta en síntesis simplificadora, la inscribe en un ámbito de circulación masiva que va mucho más allá de los chicos y los ingenuos.

Los directivos de DC Comics, ante el inminente medio siglo que está por cumplir el Hombre de Acero, deciden devolverle el protagonismo que le corresponde y descubren que la única manera de hacerlo es “retocar” su origen. Por eso le ponen punto final (en la maravillosa historia “Qué le pasó al Hombre del Mañana”, pero este es otro tema) y deciden barajar y comenzar de nuevo, como si nunca hubiese existido, encargándole a un gran artista la reactivación del mito.

John Byrne, en 1986, con la miniserie en seis capítulos Man of Steel "recicla" el personaje de Superman. Y creo que reciclaje, término tan caro a nuestras épocas postmodernas y medioambientalistas, nunca estuvo mejor aplicado, ya que crea un Superman de fin de siglo manejando los mismos conceptos que Siegel y Shuster manejaron en 1938, pero con la claridad que brinda el paso del tiempo.  Y la gran idea que iba a sustentar este nuevo origen es que Superman no se disfrace más de Clark Kent: que “sea” Clark Kent y que, en algunas ocasiones, deba disfrazarse de Superman.

Lo primero que hizo Byrne fue hacer desaparecer todo vestigio kryptoniano de la Tierra que no fuera Superman. Como por arte de magia, Kal-El vuelve a ser el "último y único hijo de Krypton", lo que le costó incluso "matar" a Supergirl, su prima, que había sido uno de los pilares del mito supermaniano desde su creación, en 1959.

Otro factor, el más importante, era "reciclar" Krypton. La utopía de la feliz convivencia entre ultratecnología y naturaleza no podía mantenerse. La primera viñeta del Nº 1 de Man of Steel nos muestra un Krypton agreste, estéril y muerto (similar al que se había presentado pocos años antes en la película Superman, de la que Byrne “bebe”, y no poco). El mismo Jor-El dice:

«...las presiones no naturales están fusionando los elementos nativos hacia un nuevo metal radiactivo que nos está matando. Y como si eso no fuera suficiente, esas presiones, al crecer dentro de nuestro mundo, pronto serán más de lo que la corteza rocosa puede contener. En un día, tal vez en una hora, Krypton explotará» [el maestro Byrne le da un origen creíble hasta a la kryptonita].

Un año después de resumir y reciclar cincuenta años del hombre de acero en seis capítulos, entre diciembre de 1987 y marzo de 1988, coincidiendo exactamente con el quincuagésimo cumpleaños de Superman, Byrne, en la miniserie World of Krypton, posiblemente uno de los mejores argumentos de historieta superheroica de todos los tiempos, nos revela el origen de esas "presiones no naturales" que mencionara Jor-El y echa por tierra para siempre la utopía tecnológica. Dejemos que sea Byrne, por boca de sus personajes, el que nos muestre la nueva visión de Krypton. Tratar de explicarlo con otras palabras sería imposible:

«No florecen ahora los árboles de hantha. Las brisas que envuelven sus secas ramas son como un fétido aliento infernal. Los chillones lagartos ganzaga corren por donde en otro tiempo hubo verde hierba bajo un sol de verano...

»He visto la destrucción del paisaje...

»El aire es abrasador y, si algunos olores circulan en las brisas, no hay nariz humana presente el tiempo suficiente como para notarlos.

»Kandor, la capital, fue destruida por un ingenio nuclear detonado por los más violentos de la fracción rebelde.

»Tienen un arma terrible (...) Quieren destruir el planeta.

»Y llegó un dominio de la ciencia genética como ningún otro mundo había conocido.

»Nadie actualmente vivo en Krypton presenció la última batalla de la gran guerra por los derechos de los clones.

»Tenemos en reserva a nuestros clones, vivos y sin mente... Tres para cada hombre, mujer y niño de Krypton (...) durmiendo sus sueños sin fantasías hasta que alguien necesite algún miembro u órgano para reparar la matriz de sus células.

»Acabaron viviendo solos. Se comunicaban con los demás por medio de proyecciones de imágenes (...) Con el tiempo, la tecnología avanzó tanto que (...) cada hombre y cada mujer tuvieron garantizada una vida duradera y sana... Y entonces la normal relación entre los sexos desapareció. Los niños que fueron necesarios para reemplazar a los kryptonianos muertos en accidentes fueron creados en cámaras de gestación. Sus padres biológicos, con frecuencia, no llegaban a conocerse.»


Desastres ecológicos, guerras nucleares, manipulaciones biogenéticas, la pérdida del amor y de los valores morales, la corrupción; cosas que estaban ocurriendo en nuestro planeta en el momento en que Byrne escribe (y siguen ocurriendo), son las que provocaron la real destrucción de los kryptonianos.

Pero ¿por qué uno de ellos sobrevivió?

«Cuando supo que iba a ser el padre biológico de uno de los niños que iban a ser creados, hizo algo que ningún kryptoniano había hecho antes... Se enamoró de la mujer que iba a ser la madre.»


Reproduzcamos el último diálogo entre Jor-El y Lara, mientras la nave de su hijo parte y Krypton tiembla, para comprender mejor:

«-No. ¡Es imposible! Durante años hemos sido los amos absolutos de este mundo. ¿Y ahora me dices que el mundo nos destruirá?

»-Tal vez sea lo justo, Lara. Como tú dices, hemos controlado el planeta. Hemos llenado cada rincón y hemos dominado las fuerzas de la naturaleza... Y al final ¿qué conseguimos? ¡Esterilidad! ¡Una sociedad fría y sin corazón! (...) Hablo de una plenitud de vida que nos hemos negado...¡Pero que yo devolveré a mi hijo!

»-¿Y debe terminar todo así, con fuego, dolor y locura? ¿Sin haber conocido siquiera una caricia de la mano de mi hijo?

»-Lara...Al menos estamos juntos, por fin. Desde el momento en que me mostraron tu imagen y me dijeron que tus genes y los míos se mezclarían en la matriz, sentí una emoción desconocida en mi corazón. En nuestro mundo no ha habido lugar para lo que yo sentía y deseaba. Pero he estudiado bien las costumbres terrestres y he descubierto en ellos una comprensión por lo que yo siento. Y aunque muramos, estoy contento, porque moriremos juntos. Porque siempre te he amado.»


En todas las etapas del mito se dijo que las últimas palabras de Jor-El fueron decirle a Lara que la amaba. Pero, con esta nueva concepción, estas palabras cobran una dimensión que nunca habían alcanzado antes. Superman sobrevive porque es el único hijo del amor en una sociedad muerta, y porque su padre decide enviarlo a otro mundo para que pueda ser un ser humano. Que manden la matriz de su hijo no nacido, y que nazca en La Tierra en el momento en que Martha Kent (no ya viejita y tontona, sino joven, saludable e inteligente) abre la nave, sustenta el hecho de que el que llega no es Superman, sino Clark, que ya no necesitará ser tímido, que se destacará en los deportes, que vivirá como un chico normal, ya que sus poderes irán apareciendo de a poco, y nunca serán tan grandes como en la versión anterior.

Además, que Jor-El recalque que estudió las costumbres terrestres y que allí encontró "una comprensión por lo que yo siento" (amor), nos da a entender que, finalmente, el amor es el único camino hacia la salvación.   

El proceso de humanización que sufre el personaje (proceso inverso al de endiosamiento del que había sido víctima en los últimos treinta años) es lo que le permite a Superman salir de su sopor setentoso y seguir existiendo; le permite incluso casarse, porque es un hombre normal, y darle a Lois Lane una dimensión que nunca había conseguido en la etapa anterior, donde no era más que una reportera terca que se la pasaba tirándose de las terrazas para que su héroe viniera a salvarla, y cuya única misión en la vida era descubrir que Clark Kent era Superman. Y Byrne nos da también una Lana Lang que deja de ser el clon joven de Lois para alcanzar una magnitud espiritual elevada, imagen del amor que no espera ser correspondido, del sacrificio supremo por el ser amado y de la fidelidad llevada a las consecuencias más altas. Y esto es por citar algunos ejemplos, nada más.

En pocas palabras: aunque el Superman de Byrne tenga defectos, el hecho de habernos dado un Krypton como el que nos dio y los personajes centrales de carne y hueso que pudieron sentir lo que sintieron y hacer lo que hicieron en toda la etapa byrneana y los años siguientes, hace que, por lo menos yo, me saque el sombrero ante el “barbeta”.

Por eso, como homenaje al gran Byrne, nada mejor que, para concluir, reproduzcamos el texto de la viñeta final de World of Krypton Nº 4, donde Superman dice:

«Hay un gran mundo de sentimientos humanos que ellos no conocieron, que nunca imaginaron. Y ahora comprendo cuál fue el regalo que Jor-El me concedió al enviarme aquí. No estos superpoderes. ¡Alejándome de Krypton, Jor-El me concedió el regalo de la humanidad!»

Lástima que todo termina y hoy tengamos que decir de nuevo: “otra vez sopa”…

FUENTES:


http://www.tebeosfera.com/documentos/textos/el_superman_de_john_byrne_o_la_defensa_de_una_gran_idea.html


Sobre el autor
Ted Kord
Autor: Ted Kord
Website: https://archivo-de-comix.blogspot.com
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Editor
Lector de Comics
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